Antecedentes

Según opinión general de los historiadores, los nueve caballeros que fundaron en el año 1118 la Orden del Temple participaron unos años antes, a partir de 1095, en la Primera Cruzada a Tierra Santa.

La existencia de la Orden del Temple está íntimamente ligada a las Cruzadas, ya que nace como consecuencia de la primera y muere poco después de que el último proyecto de Cruzada se hiciera inviable: la alianza entre cristianos y mongoles nestorianos (que también eran cristianos en gran medida) a comienzos del siglo XIV.

Por consiguiente, las Cruzadas y el reino franco creado por ellas, así como la Orden del Temple, perduran casi justamente dos siglos, desde finales del XI a finales del XIII. Sin embargo, la Orden del Temple, aunque oficialmente proscrita y disuelta, jamás ha sido condenada por la Iglesia católica y su memoria se ha resistido a desaparecer, siendo en ello donde radica precisamente su atracción y misterio.

Mapa de la Primera Cruzada
La Primera Cruzada

Tras la inmensa victoria de los cruzados, nadie había reparado en un grupo de caballeros, procedentes de Champaña, Flandes, Provenza y otros países francos, que habían participado en esa Primera Cruzada, según creen algunos, en el ejército del conde Hugo de Vermandois, o en el de Roberto de Flandes, según otros.

Sea como fuere, lo cierto es que estos caballeros no habían cometido ningún desmán y parece ser que en todo momento habían observado una vida ejemplar, no involucrándose durante la toma de Jerusalén en masacres tales como el asesinato de los prisioneros musulmanes encerrados en la mezquita de Al-Aqsa que estaban a cargo del normando Tancredo, ni en la quema de judíos vivos dentro de su sinagoga principal, por poner dos de los casos más sangrientos.

La Historia oficial dice que el noble de Champaña a quien el pequeño grupo consideraba como jefe y guía espiritual se llamaba Hugo de Payens, debido a que su casa solariega estaba situada en ese pueblo próximo a Troyes. Se distinguía por su profunda piedad, interesándose cada vez más por la protección de los peregrinos de Tierra Santa. Pese a su juventud, meditaba continuamente, junto con sus compañeros de armas, sobre una nueva forma de caballería cristiana que se conocería, unos años más tarde, como la Milicia de los Pobres Soldados de Cristo, Orden del Templo de Jerusalén u Orden del Temple.

Este grupo excepcional de caballeros, destinado a ejercer una profundísima influencia en Oriente y Occidente, estaba relacionado con un joven y noble monje de Cister, poseído de un ideal religioso y caballeresco al mismo tiempo, a quien se conocería en la Historia como San Bernardo de Claraval.

Oficialmente la Orden del Temple habría de nacer con ese loable propósito de auxilio al peregrino, pero existen algunos indicios y personajes que, considerados en su conjunto y en el contexto milenarista de la época, llevan a pensar que tras estas inmediatas intenciones subyacía algo más, un propósito de índole universal y trascendente...

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