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TAROT
 
  VIIII — EL ERMITAÑO: La carta novena es solitaria y melancólica. El antiguo Saturno se presenta aquí como un anciano sabio, el Padre y Maestro interno, conocedor de los aspectos más ocultos. Se ve a un hombre de edad, que camina lentamente, sosteniendo una lámpara (símbolo de la luz interior) en su mano derecha, y llevando un báculo con la izquierda (que representa al eje). Un manto azul -con amarillo en su parte interior- cubre sus vestiduras rojas, y una capucha también roja cae sobre su espalda. Se relaciona a la carta con Cronos, el Tiempo, que devora a sus hijos, y con la Antigüedad y la vejez, a las que la Tradición siempre ha concedido la mayor importancia, respeto y veneración; y con la experiencia, la lentitud, la paciencia, la soledad, y, en general, con las bellas virtudes de la ancianidad. Al revés, esta carta indica los vicios propios de una vejez carente de espiritualidad.
 
AL DERECHO AL REVES
Tiempo - Vejez - Tranquilidad  
Sabiduría - Soledad - Sensatez  
Interioridad - Experiencia  
Conocimientos ocultos - Pacien-  
cia- Iluminación - Recuerdo de Sí  
Desapasionamiento - Perseve-  
rancia -Generosidad - Filantro-  
pía -Acallamiento de las pasio-  
nes - Austeridad - Bondad 
Irrealidad - Vejez - Soledad  
Misantropía - Indiferencia  
Falsas creencias - Ocultismo  
Ausencia de generosidad  
Oscuridad - Amnesia  
Ignorancia - Avaricia 
Impaciencia - Lentitud  
Certezas que no son tales  
Mal humor - Actitud senil 
 
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LA CENA
Para este Programa los alimentos que nutren el cuerpo físico son considerados como símbolos de los espirituales, que son los que alimentan el alma del ser humano. Este aspecto, que la sociedad moderna desconoce, es el que da a toda comida o manducación un carácter ritual y sagrado. El estómago, que ocupa la parte media y central del cuerpo, representa un verdadero Athanor alquímico ­la fragua de Vulcano­, en el cual las substancias positivas de los alimentos se sutilizan pasando a la sangre (vivificadora de todo el organismo), y las negativas e inservibles ­groseras­ pasan a los conductos laberínticos del intestino para su posterior evacuación. Es decir, que se realiza la operación de separar lo espeso de lo sutil. Ya sabemos que para cualquier cultura tradicional el cuerpo es una entidad sagrada y su funcionamiento está en correspondencia con los ciclos y ritmos del universo, constituyendo también un receptáculo de los efluvios divinos. Al comer, el hombre asimila el cosmos exterior a su propio cosmos ­corpóreo y sutil­, es decir se integra armónicamente con el mundo que lo envuelve y del que forma parte. Y esta comunión produce una alegría análoga en otro plano, a la experimentada por la emoción que genera la contemplación de la Belleza, pues también vivir de Belleza y Amor es alimento. Este, y no otro, era el sentido que tenían las bacanales greco-romanas y la manducación realizada por la comunidad en determinadas fiestas de todas las tradiciones, que eran ante todo comidas rituales colectivas donde se ofrecía culto a las energías celestes por el intermedio de la manifestación de las energías de la vida y la naturaleza. 

Un sentido especialmente significativo es el que reviste la Cena. Por su carácter nocturno y por anteceder al sueño, que es símbolo de la muerte y la entrada en otro estado del ser, tuvo, y sigue teniendo, una particular importancia entre las diversas tradiciones, como es el caso del Cristianismo. La última Cena que Jesucristo ofreció a los apóstoles (previa a su crucifixión) instituyó el misterio de la Eucaristía bajo las especies del Pan (cuerpo) y del Vino (sangre-espíritu), productos vegetales extraídos de la naturaleza y elaborados y fermentados por el Fuego, origen de la luz y el calor. La última Cena, además del aspecto sacrificial y espiritual que representa, es un símbolo del lazo íntimo de solidaridad y amor fraterno que debe unir a todos los hombres que asuman su condición de tales. En este sentido la palabra cenáculo, que proviene de cena, indica el lugar donde se reúnen hombres que comparten esencialmente las mismas ideas, en relación con las cuales los sentimientos y pasiones propias de lo humano han de encontrarse en perfecta armonía. 

 
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LA LIRA DE APOLO Y LA FLAUTA DE ORFEO
Concebir al tiempo sin el espacio como referencia es imposible, pues sólo cuando entra en relación con él, a través del movimiento, se torna inteligible. Ello se debe a que posee por naturaleza una cualidad superior, al estar de algún modo menos determinado que aquél. La música, arte del ritmo y la armonía por excelencia, es sin duda la que de manera más obvia y bella revela el carácter cíclico y recurrente del tiempo, desmintiendo la absurda concepción lineal, uniforme y cuantitativa que de él ha forjado la mentalidad profana. El número es la estructura del ritmo, y como tal es "cualidad" manifiesta que se distingue netamente de la pura agitación, como la música y la melodía lo hacen del ruido; esta concepción "auditiva" del cosmos nos aproxima a lo invisible, a lo sutil, a todo aquello que está más allá de la constatación sensible en general. 

La potencia divina crea pues el cosmos a partir de ritmos, de alteridades, que ora se equilibran, ora se desequilibran, sin salir jamás del diapasón divino. La Belleza, uno de los nombres divinos, al manifestarse lo hace a través de la perfección de las formas, y éstas, antes de devenir groseras, configuran idealmente la osamenta sutil y formativa del universo, la arquitectura invisible del cosmos. Dicha arquitectura es realmente un lenguaje divino y maravilloso cuya aprehensión está directamente vinculada a la intuición intelectual del corazón, sagrario del templo humano y sede de todas las teofanías. La música platónica de las esferas ilustra de manera perfecta esta concepción al describir al cosmos como una inmensa caja de resonancia que no hace más que amplificar unas energías virtuales hasta llevarlas a su concreción efectiva, para luego devolverlas a su origen, como chispas, destellos o reflejos transitorios de un arquetipo inmutable. Solve et coagula son en la Alquimia hermética (o condensación-disipación en la extremo oriental), la fórmula de este doble movimiento simultáneo que hace posible la maravilla de la existencia universal e individual y sus indefinidas interrelaciones. 

Las cualidades de los sonidos, ligadas como vimos a los planetas, lo están también a los elementos. E igualmente los instrumentos que los reproducen: de viento, cuerda, percusión, etc., tienen al aire y a la tierra como módulos terrestres, y al fuego como celeste, ya que es el despertar del "fuego interno" la misión principal de la música, especialmente la sagrada. Como manifestación de la Armonía Universal, la música contiene en sí potencialmente todas estas energías. Y es por el hecho de que "lo semejante atrae lo semejante" que su acción sobre la psiquis humana despierta lógicamente a sus respectivos homólogos, así como también el poder de ritmarlos entre sí. Los diferentes tiempos y marchas reconocidos en las partituras clásicas occidentales no hacen sino traducir el efecto de las energías del alma sobre la creación musical y viceversa: andante, alegro, patético, brío, moto, no son sino estados del alma que revelan de por sí un drama interno entre varios ritmos y personajes cuya descripción alegórica la encontramos inmemorialmente en todos los mitos y cosmogonías antiguas.

59 NOTA:
Sucede a veces que hay momentos en este trabajo donde aparentemente no pasa nada. En ocasiones nos quejamos de los tiempos en que estamos agitados; todo se nos mueve y las tormentas nos tambalean. Pero hay otros aún peores en los que no acontece absolutamente nada. Son aquellos períodos en que los navegantes de la búsqueda, de la aventura del Conocimiento, denominan "calma chicha". La inmovilidad aquí es pura rigidez y desesperanza. Esta nada no es el En Sof de la cábala hebrea, sino su reflejo invertido. Todo se presenta como una vía muerta, una puerta cerrada o una nadería. No hay cosa más dura que estar estancado sin recibir el soplo o el viento del Espíritu, o de los espíritus, al menos. Aquí es donde debemos redoblar nuestros esfuerzos. Este es el momento en que debemos reiterar una y otra vez nuestros ritos y tomar conciencia de que no hay vida, ni trabajo, sin sacrificio. Luchar en estos momentos es una necesidad y cuanto más encarnizado, inteligente, concentrado y honesto sea nuestro combate interno, mayor es la posibilidad de la victoria.
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TAROT
 
X — LA RUEDA DE LA FORTUNA: Con el décimo arcano termina el ciclo de los nueve números naturales más el cero y se anuncia un nuevo ciclo. Carta de cambio y movimiento, representa la rueda de la vida y las encarnaciones (lo que en el budismo se denomina Rueda de Samsâra) de la que habremos de liberarnos gracias al proceso iniciático, ascendiendo a otras regiones del ser. Dos animales giran alrededor de la rueda -uno desciende y otro asciende- y sobre ella, más allá del movimiento, se encuentra una esfinge, símbolo, entre otras cosas, de la unión de los cuatro elementos. La circunferencia se encuentra unida por seis radios al punto central de la rueda -de color rojo-, del que sale un manubrio -la mano es invisible- que la hace girar. La base, en forma de escala, nos habla de las posibilidades del ascenso. Se la relaciona también con la suerte y la fortuna, lo fortuito y el azar.
 
AL DERECHO AL REVES
Cambio - Movimiento  
Circunstancias favorables  
Posibilidad de ascenso  
Salida del retorno - Forma o ma-  
nera de aprovechar oportunida-  
des - Buenas posibilidades  
Buena fortuna - Azar - Suerte  
Acontecimientos fortuitos  
Nueva perspectiva de la realidad 
Reiteración - Retorno  
Charlatanería  
Irresponsabilidad  
Manías - Hábitos  
Rutina - Costumbres  
Inestabilidad - Precipitación  
Vagancia - Pereza  
Azar - Fortuna menor  
Indolencia - Bohemia 
 
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LOS CUADRADOS MAGICOS
Hemos visto en reiteradas ocasiones que el símbolo de la Tierra es el cuadrado. Esta figura geométrica de cuatro lados iguales es la expresión del concepto de cuaternario y nos transmite inmediatamente la idea de orden, armonía y equilibrio entre las distintas tensiones de sus partes, las que se conjugan y neutralizan en un punto común de donde igualmente emanan de manera permanente. 
Sabemos también que el cuadrado en lo tridimensional se convierte en un cubo, y es evidente que este cuerpo constituye un símbolo de lo sólido y un ejemplo nítido de lo que es una estructura. Todas estas imágenes mentales se asocian inmediatamente cuando se trabaja esotéricamente con el cuadrado que es la representación, en el plano, de la Tierra, tomada esta palabra en su sentido más amplio, a saber: las coordenadas espacio-temporales (verticales y horizontales) en donde el hombre está inscrito, las que también signan y limitan simbólicamente a la figura del cuadrado. En las civilizaciones tradicionales esta figura era sagrada –como su complementaria el círculo– por ser un símbolo transmisor y receptor de las energías-fuerza de lo desconocido, a las que manifiesta, siendo el depositario de una carga mágica poderosa, susceptible de ser transformada y utilizada para diversos fines rituales y cosmológicos. Y si esa carga mágica se multiplica y proyecta simétricamente creando el cuadriculado (delimitado asimismo dentro de un cuadrado) donde los posibles elementos dispersos se unen y cohesionan en un todo, gracias a un orden invariable y a diversas particularidades que se convierten en leyes generales, se aumenta el poder generativo y protector de esta figura, que encierra dentro de sí las mismas leyes universales de la Creación íntegra, y que las traduce con igual discurso, hecho del que son testigos los símbolos numéricos y geométricos y todos aquellos que se puedan relacionar con ellos en la armonía matemática de estas asociaciones. 

Casi todos los pueblos y tradiciones han utilizado estos cuadrados mágicos y los han considerado tanto instrumentos de conocimiento, como potentes talismanes capaces de ordenar ­y también de desatar­ las indefinidas energías y fuerzas que constantemente están articulando el cosmos. El más definido de estos pantáculos o mandalas, presente, entre otras tradiciones, en la China, en el Islam, en el misticismo judío, e igualmente entre los adeptos de la Tradición Hermética, es el que damos a continuación, llamado el cuadrado mágico de 15, o cuadrado natural, en el que la suma de los números de 1 a 9, inscriptos dentro de los casilleros, (ya se haga en sentido vertical, horizontal o diagonal) da siempre 15. A manera de ilustración diremos que la civilización china derivó de esta estructura la organización social y política de su imperio. 

Asimismo en la Cábala hebrea estos números son suplantados por las letras de valor correspondiente, abriéndose el campo a toda suerte de imágenes y conceptos relacionados con las palabras y sus raíces, lo que equivale a trabajar con la Ciencia de los Nombres. 

Igualmente los alquimistas asociaban cuatro formas de construir numéricamente este cuadrado, con los cuatro elementos, y lo vinculaban con los tres principios esenciales (tiene tres columnas), que en una continuada danza producen la ilusión de la materia. 

También los astrólogos han trabajado con estos cuadrados cargados de símbolos numerales, alfabéticos y cosmogónicos, y los han asociado con los planetas y el mapa del cielo (así como los alquimistas con los metales). 

Ofrecemos a continuación la correspondencia entre los distintos planetas y los cuadrados mágicos correspondientes: el cuadrado natural, o de base 15, es el atribuido a Saturno. El de 4 columnas y de base 34 (de acuerdo a los números asignados a los casilleros correspondientes, los que sin repetirse nunca suman en cualquier sentido esa cifra), está consagrado a Júpiter. El cuadrado mágico de 5 columnas, cuya base numérica es 65, a Marte. Al Sol se asocia el de 6 por 6 columnas, cuya cifra base es 111. El de 7 columnas es atribuido a Venus y su base es 175. El cuadrado mágico de Mercurio contiene 8 columnas por lado y su número base es 260. Y finalmente el de la Luna, de 9 columnas, es basado en el número 369. Como se podrá observar, las relaciones con el Arbol de la Vida Sefirótico son evidentes, lo que nos lleva a comprender que en verdad todas las disciplinas que conforman la Tradición Hermética, la Magia incluida, no hacen sino expresar una sola y única Ciencia, que se manifiesta en diversos lenguajes, órdenes y formas.

62 EJERCICIO DE SONIDO:
Debemos recordar que de acuerdo a lo que aquí se ha dicho con respecto a la respiración, la vibración, la voz y el sonido, estos temas se refieren a la afinación del hombre, como instrumento musical, por intermedio de la voz, tomada ésta como imagen del sonido armónico de las esferas celestes. Utilizaremos en este caso un mantra, es decir una emisión sonora muy sencilla. Ella será a los efectos de esta práctica ritual el sonido de la letra A, primera de los alfabetos latino, griego, hebreo y árabe, y también del nombre de nuestro Programa. 

Colóquese sentado manteniendo su espalda vertical y comience a concentrarse, utilizando los ejercicios que haya seguido practicando. Luego de concentrarse comience a aflojarse a tal punto que pueda sentirse como una caña vacía, o un tubo, que conecta con lo más profundo. Inhale suavemente y lleve el aire hacia el interior del estómago. Deje que de esta interioridad surja el sonido por medio de su voz, claro y uniforme, que al emanar resonará en la caja torácica. Permita que la garganta y la boca modulen la forma de la A, y que la vibración invada y llene todo el ámbito. 

O sea, aspirar el sonido inaudible, depositarlo en lo más hondo de nosotros, y dejar que surja lentamente la voz y se exprese de forma completa, comunicándose energéticamente con el Cosmos entero. Repita esta práctica durante 10 ó 20 minutos diarios. 

 
Letra A
 
 
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