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XI — LA FUERZA: Vemos aquí a una bella mujer, que sin esfuerzo aparente, y sin ejercer ninguna violencia, abre las fauces de un león, dominándolo. Simboliza a la fuerza de la inteligencia, capaz de dominar las pasiones gracias al fuego interno del amor y de la voluntad. El hecho de representarla con una figura femenina nos indica que no se trata de una fuerza bruta o física, sino más bien de una energía sutil, como la de la mente, muy superior en calidad y elevación. Esta carta significa el influjo espiritual que penetra los cuerpos, transformándolos. La materia alquímica ya está preparada, y el fuego de la pasión se enciende para dar inicio a la obra de la transmutación; ésta podrá lograrse si el fuego permanece encendido. Se la relaciona también con el quehacer manual y con la industria, y nos enseña a aceptar la responsabilidad que implica el trabajo interior. |
| AL DERECHO | AL REVES | |
| Fuerza
interior - Inteligencia
Fuerza del amor y la pasión Influjo espiritual - Sutileza Fuerza de la palabra - Ubicación Fuerza de la Voluntad - Adapta- ción - Persuasión intangible Dominación de la materia - Indus- tria - Artesanía - Aplicación de la ciencia - Aceptación de responsabilidad |
Lucha -
Guerra
Conquista violenta Luto - Incendio - Cólera Reacciones inesperadas Violencia - Desgarra- miento Negatividad - Necedad Deseos Densidad Operación quirúrgica |
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| Cuando en los diversos textos tradicionales se habla de la Luz hay
que entenderla sobre todo como un símbolo de la Inteligencia, constituyendo
el aspecto material su soporte sensible y simbólico. Entendida de
esta manera la Luz representa una fuerza o energía divina, el núcleo
central, interno y generador del que se irradia toda la vida del ser cósmico
e individual. Esa Luz inteligible y sutil procede del fuego del Espíritu,
como la luz física proviene de la enorme masa de fuego que es el
Sol. De ahí que constantemente se haga una transposición
simbólica entre uno y otro. Esta cualidad de la luz está
claramente señalada por el proceso mismo de la Iniciación,
pues ésta se concibe fundamentalmente como una progresiva "iluminación
interior" que disipa las tinieblas de la ignorancia, las que son asimiladas
a lo profano e infrahumano.
A escala universal este proceso es análogo al Fiat Lux (Hágase la Luz) cosmogónico, producido en el principio de los tiempos por el Verbo o Logos que da origen a la creación. "En el principio era el Verbo y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios... En El estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas pero las tinieblas no la han recibido." (Juan I, 15). "El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz y para los que habitaban en la región de mortales sombras una luz se levantó." (Marcos, IV, 16). Estas citas evangélicas se refieren naturalmente a Cristo, pues él encarna, en la tradición cristiana, esa acción iluminadora del Espíritu que penetra en la materia tenebrosa y substancial, haciéndola pasar de la potencia al acto, o del caos al orden. El Sol repite diariamente este rito cuando al salir por Oriente ilumina el mundo sumergido en la oscuridad de la noche. Es interesante advertir que el término "dar a luz" o "alumbramiento" se aplica por igual al parto carnal y al nacimiento espiritual, con la diferencia de que el primero necesita de un soporte exterior, mientras que el segundo se cumple en la más completa soledad, en el uno mismo, en lo más secreto de la caverna del corazón. |
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| Estos dos términos del acápite están íntimamente
relacionados con lo natural, y cabe preguntarse qué es lo que cada
quien entiende por esto. Igualmente en lo que respecta al concepto actual
de salud. En efecto, en los pueblos tradicionales, o primitivos, el concepto
de salud-enfermedad (dos opuestos que no se contradicen) es bien distinto
al moderno, que sólo se refiere a él como al funcionamiento
hipotético de un cuerpo físico "ideal" que constituye nuestra
posesión, y no toma para nada en cuenta la interrelación
de este cuerpo con el Universo y las múltiples fuerzas que lo conforman.
Siendo que, además, el oficialismo contemporáneo excluye
del binomio salud-enfermedad a esta última, por una especie de asociación
con el mal, al que el hombre moderno niega, atribuyendo a ese "mal" las
características de lo que a él le desagrada y no quiere reconocer
en sí, motivo por el cual el bien no es la conjunción constante
de opuestos, sino un imaginario estado a alcanzar, que cambia con los vientos
de la moda y la relatividad de los usos y costumbres. En este sentido sería
interesante hacernos una pregunta: ¿cuál es la extraña
asociación que se hace actualmente entre la salud y ciertos deportes?
¿qué relación guardan ciertas gimnasias y movimientos
forzados, verdaderos castigos corporales, con la salud?
Más bien en el proceso de la Iniciación, que corresponde a una inversión completa de nuestra vida (pues las concepciones profanas comienzan a convertirse en sagradas), y que por cierto incluye un descenso a los infiernos, los síntomas que se perciben no son "saludables" (como lo atestiguan las vidas míticas y ejemplares de los grandes maestros, iniciados y filósofos), ni "bellos" en una lectura estereotipada de estos términos, sino que más bien se presentan como grandes shocks de los que de ninguna manera están ausentes la enfermedad, el dolor, y por cierto la muerte. Por otra parte debemos enfrentarnos con la impostada institución
de la higiene como moral, la convención como moral, lo "saludable"
del trabajo por el trabajo mismo, las "buenas" y "correctas" actitudes
y costumbres como equivalentes al bien. En el mismo sentido se comprende
al "sentirse bien" y al "confort espiritual" e igualmente a la bonanza
económica, como lo "bueno". También se considera como buena
o saludable la oficialización de una actitud solemne, digna y pomposa,
al extremo de confundirla con lo sublime. Son ejemplo de ello ciertas ceremonias
civiles donde la impostación y el fingimiento que acarrea este tipo
de actitud, basada en una absoluta falta de creencia en los más
elementales valores, se hacen patentes. Por lo que todo esto debe simularse
para que no se descubra el engaño (actuado en un tablado dentro
de la farsa), lo cual en definitiva no tiene importancia, puesto que así
es lo que se considera la "vida", en la que habría que tomar determinadas
posturas para ser respetado o al menos no criticado por los vecinos y donde
lo más deshonroso no sería cometer delitos, sino perder la
"dignidad" por ello, lo que equivaldría a aparecer en el periódico
por esta circunstancia. O sea avergonzarse por ser descubierto y hacer
el ridículo en la actividad delictiva generalizada. Asuntos y derivaciones
que a nuestra manera de ver y entender nada tienen que ver con la "salud
mental" ni con la "higiene moral".
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| Esperamos que hayan podido seguir con atención el desarrollo de la Enseñanza y que ella haya producido sus efectos en cada cual. Igualmente nos felicitamos de que hayamos podido conjuntamente llegar a un punto que constituye un jalón en nuestra meta. Nos proponemos profundizar y ampliar los temas que se han ido esbozando y destacando con el fin de lograr los frutos que este manual se propone. Para ello debemos contar necesariamente con la participación espiritual activa del lector y su sed renovada de conocimientos, así como con su voluntad decidida, su pasión por lo que hace, y el equilibrio y la paciencia requeridos para la efectivización de la labor alquímica. | ||
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XII — EL COLGADO: Aparece en esta lámina un hombre colgado de un pie, realizando el signo del cuaternario con las piernas y el del ternario con los brazos (3 x 4 = 12). Es la carta de la iniciación, que simboliza el comienzo del proceso vertical, contra corriente (como el salmón, que nada en dirección contraria buscando su origen y destino), y que lleva toda la intensidad del impulso inicial, en este viaje hacia otros planos y niveles del ser, que siendo invertidos con respecto al mundo ordinario, son también complementarios con éste. Aquí se significa la determinación y el sacrificio (sacrum facere) que realiza quien se ha abandonado confiadamente a la Voluntad suprema, empezando a desplegar y desarrollar sus potencialidades y talentos, como una buena semilla, que habiendo sido sembrada en buena tierra, empieza a germinar, anunciando los frutos que se producirán con la perseverancia. |
| AL DERECHO | AL REVES | |
| Iniciación
- Determinación
Movimiento ascendente Intensidad Abandono - Heroicidad Reestructuración - Confirmación Comienzo de un proceso Sacrificio con sentido Buena semilla - Crecimiento Simiente - Fertilidad - Buena tierra |
Duda -
Vacilación
Girar en el vacío Frustración - Esterilidad - Trai- ción - Detención - Ausencia Ansiedad - Incomodidad Vacío Infertilidad Tierra yerma - Aridez Semillas que no fructifican |
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| Es lógico que si el conocimiento y la conciencia que tiene el
hombre de sí mismo y del mundo no supera el horizonte de sus sentidos,
éste fracase en la tentativa empírica y dialéctica
de encontrar una respuesta o demostración a todo lo que le sobrepasa
y lo trasciende. La propia noción de Dios no hace sino englobar
y resumir en una palabra ese todo. Como ser creado y existente el hombre
no puede concebir sino lo que existe o es de algún modo; a esta
condición hemos de añadir otra no menos importante: la forma.
Si lo informal o supraindividual escapa al entendimiento racional inmerso
en los límites de la sucesión temporal y la dualidad ¿cuánto
más difícil le será concebir a lo ilimitado, a un
no-algo, o sea a lo no manifestado, a lo que trasciende por completo toda
existencia condicionada? Lo Uno y sin par, sólo puede ser conocido
necesariamente por Sí Mismo, ¿cómo podría Dios,
el Creador o el Sujeto Universal por excelencia, ser un objeto de conocimiento
de alguien que no fuera el Sí-Mismo?
La afirmación unánime de la Unidad por parte de todas las tradiciones no se apoya en la existencia o no existencia de Dios, sino en la No-Dualidad Absoluta y Metafísica de todos sus posibles aspectos, ya sean estos inmanifestados o manifiestos. Toda afirmación supone una noción preexistente, y una negación una afirmación previa. Sin la idea anterior y primigenia de un Principio Universal, no existirían ni deístas, ni ateístas, ni politeístas. El ateo, por ejemplo, para negar a Dios ha necesitado primero suponer su existencia (su Ser). No obstante, ante esta confusión, si un cierto deísmo queda justificado exotéricamente ante la necesidad de evocar al objeto último de la fe, igualmente se justifica un cierto ateísmo si se entiende, claro está, no como una pura y absurda negación hacia todo lo que no se comprende, sino como un lógico rechazo a los estereotipos morales y sentimentales que de Dios ofrece actualmente la religión oficial. Las doctrinas metafísicas orientales y las tradiciones arcaicas, por ejemplo, no son deístas ni ateístas. La prolífica multitud de dioses que pueblan los panteones tradicionales no hacen sino revelar la infinita riqueza de matices y aspectos que posee lo Unico e Innombrable, y nada tiene que ver con la versión actual del politeísmo. El nombre completo y verdadero de Dios, dice la tradición cabalística, es impronunciable, tan sólo puede deletrearse (YHVH). Las indefinidas combinaciones a que se prestan sus letras (a las que contempla la ciencia cabalística de la Temurah) crean y producen asimismo todos sus nombres y aspectos posibles en tanto entran en relación con lo manifestado. Realmente Dios no existe si por existencia entendemos cualquier modo condicionado del Ser; si en este sentido Dios existiera, no sólo ya no sería Infinito y Eterno (ni tampoco el Creador, el Sumo Artífice), sino una criatura, algo creado en suma. Melliza a su infinita trascendencia está su absoluta inmanencia; Dios es todo sin excepción ya que nada podría salir de la Unidad indivisible del Todo y ser un "otro" aparte. "No hay más divinidad (o realidad) que Allah", reza la sentencia islámica. Ciertamente las limitaciones del lenguaje humano y racional son las primeras en obstaculizar la expresión de nociones que están más allá del alcance de la definición y la dialéctica, pues toda definición es ya una limitación de la Realidad Ilimitada. Del núcleo a la periferia del Ser existen innumerables estados intermedios gráficamente representados por indefinidos círculos concéntricos alrededor de un solo punto. Naturalmente el Centro o Dios en Sí Mismo no es la periferia, al igual que nuestro cuerpo no es nuestro verdadero ser, pero sí todo es una única y misma realidad inseparable, Ser y No-Ser, anterior o posterior, principio y fin, son parámetros humanos de comprensión que se unifican en la Vía del Medio. Todos los seres son letras cuya reunión forma un discurso que prueba la existencia de Dios (o sea la presencia de Dios en todo), es decir la "Inteligencia" que pronuncia ese discurso; ya que no puede haber discurso sin verbo, ni nada escrito sin escritor. ![]() |
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| En el acápite 65 de este Módulo, bajo
el genérico de "Alimentación y salud", hemos advertido sobre
ciertos errores y modos de ver literales que pueden constituirse en verdaderos
obstáculos del Conocimiento. Se trataba allí de temas como
el de la substitución de lo sobrenatural por lo natural y de equivocados
conceptos sobre la salud-enfermedad (relacionados de modo simplificado
con el bien y el mal) y asimismo con erróneos criterios acerca del
"misticismo" y la "espiritualidad", emparentándolos con determinadas
prácticas profilácticas e higiénicas y aun con algún
tipo de moral (equivalente a meras sensiblerías y devociones) en
substitución del auténtico camino, portador de los secretos
de la Ciencia Sagrada. Estas equivocaciones poseen un factor denominador
común: la pretensión de materializar lo espiritual (aun con
buen ánimo, a saber: hacerlo más accesible, lo que de todas
maneras es una imposibilidad), error que es propio de la sociedad actual,
que cree exclusivamente en el materialismo, que quiere ser profana y desacralizada
y que no hace otra cosa que negar al Espíritu, comulgando con lo
que no es. A continuación nos referiremos a ciertas apreciaciones
tocantes a espíritu-alma-cuerpo y también a lo que puede
comprenderse por lo interno-externo; porque pensamos que alrededor de estos
temas pueden producirse confusiones, algunas de ellas derivadas de problemas
de terminología, las más de apreciaciones módicas,
seguramente enraizadas en ideas limitadas, de aquellas que circulan hoy
tan profusamente.
En primer lugar diremos que el binomio espíritu-cuerpo no es tal para la Doctrina Tradicional, la que reconoce un tercer elemento, el alma (el ánima o psiquis) entre ambas. En términos del código cabalístico en que nos estamos expresando y que nuestro lector conoce, diremos que la primera tríada, con Kether a la cabeza, o sea el plano de Atsiluth, podría ser equiparado al espíritu, mientras que el de Asiyah y el reino de Malkhuth se asimilarían al cuerpo. El alma (ánima o psiquis) sería lo que los cabalistas denominan las seis sefiroth de "construcción", o sea el gran plano intermedio, subdividido a su vez en dos mundos: el de Beriyah y el de Yetsirah, el psiquismo superior y el inferior, respectivamente. Como ya nuestro lector sabe, todos estos planos se complementan y conforman las emanaciones del "Uno sin par" en el seno de la manifestación. Sin embargo la cultura moderna, sobre todo después de Descartes, ha establecido una dualidad antinómica entre espíritu-cuerpo (excluyendo siempre a uno en beneficio del otro), por lo que se ha llegado al desconocimiento del verdadero Espíritu, el cual ha sido suplantado por el alma (lo anímico o psíquico) como una impostura de lo espiritual. Todo esto agravado por el hecho de que en los tiempos que corren este psiquismo se expresa mucho más en su grado inferior que en el superior. Sin embargo, –pese a este engaño del alma que se hace pasar por el espíritu, sobre el que luego volveremos– los términos contemporáneos de espíritu y cuerpo son lo suficientemente gráficos y claros para que podamos decir algo al respecto. Sobre todo cuando en la actualidad hay una serie de "escuelas" que han acuñado ciertas frases publicitarias como "ama tu cuerpo", las que son objeto de admiración y hasta de culto, al igual que el cuerpo físico al que se refieren y con el que pretenden ¡oh paradoja! pasar a otros "estados" (a los que ellos virtualmente niegan), por una especie de "creencia" que supone que por medio de la exaltación reiterada y mecánica de la materia se puede llegar a algún lado que no sea al propio culto a lo corporal, a lo relativo y limitado, lo que equivale a la exaltación de uno de nuestros egos, tan falaz como los otros. En este sentido debe decirse que espíritu y cuerpo están invertidos el uno con respecto al otro. Desde el punto de vista del espíritu, éste es lo primordial. Desde el ángulo de visión del cuerpo, él es el primero. Asimismo desde Kether, Atsiluth es el primer plano y Asiyah el último. Desde Malkhuth, Asiyah es principal y Atsiluth final. Queremos aclarar que en ningún texto sagrado tradicional se habla de "ama a tu cuerpo", concepción imposible de encontrar en la Antigüedad, aunque no desconocida por ella. Hay ejemplos notorios de lo contrario; en el Evangelio cristiano, verbigracia, el primer gran mandamiento es el de amar al Señor (tu Dios) por sobre todas las cosas. Estas palabras tienen por otra parte una razón esencial de ser y son prevenciones que no hay que olvidar: la de la primacía del orden espiritual sobre el orden corporal-material-superficial, lo que siempre se debe recordar para no caer en la equivocación social que hoy nos ha tocado vivir. También queremos incidentalmente decir que lo que actualmente muchos entienden por "sentir", como garantía de certeza, es sumamente relativo. Ese "sentir" que es su garantía podría estar tan condicionado como el "pensar" o el "creer" en la sociedad de consumo o en cualquier otra nimiedad o asunto. El "sentir" puede ser sólo una exaltación desmedida del ego, y se llega a "sentir" –y a fomentar ese "sentimiento"– por casi cualquier cosa. Los sistemas totalitarios y las canchas de fútbol han dado buen ejemplo de ello. Lo mismo sucede con lo interno y lo externo. Tal vez sea sencillo para algunos decir qué es lo externo, asociándolo a su corporalidad. Pero ¿qué es lo interno? Lo verdaderamente interno ¿sería el plano de Yetsirah, asociado a nuestro psiquismo inferior, o aun el de Beriyah ligado al superior? ¿O serían esos dos mundos sólo peldaños para arribar a nuestro auténtico Ser? ¿No sería lo más interno lo más auténtico y profundo y también lo más desconocido? ![]() |
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| 70 | NOTA: | |
| A esta altura de la Enseñanza pudiera ser que usted todavía no supiera o comprendiera con claridad qué es verdaderamente el contenido de este manual. No lo dé entonces por sabido como suele ser lo habitual y vuelva a estudiarlo releyendo en profundidad y con suma lentitud (retardando el tiempo) todo lo que en él se contiene. Es mucho más noble y productiva esta humildad, o mejor, esta franqueza para con uno mismo, que suponer lo que aún no se sabe o colocar una rápida etiqueta a aquello que se quiere despachar para salir otra vez del paso. Estas relecturas le brindarán más de una sorpresa y le ofrecerán numerosas perspectivas, con las que en este momento, acaso, usted no creía contar. Pensamos que es válida y nos está permitida la sugerencia anterior avalada por la experiencia en la realización de nuestro Programa. | ||
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