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TAROT
 
XIII — LA MUERTE: En esta carta, en la que predomina el color negro de la inmanifestación, se ve un esqueleto "vivo", que siega con una guadaña, cortando los miembros de los seres manifestados, dispersándolos. En el proceso iniciático es necesario experimentar en varios niveles la paradoja de vivir la muerte, muriendo a los aspectos inferiores y renaciendo "de arriba" a los estados superiores del ser. El adepto piensa constantemente en ella, tomando conciencia de lo ilusorio de esta vida transitoria, y sabiendo que en los misterios de la muerte están ocultos los de la inmortalidad. Ella es una aliada que nos enseña a meditar en lo metafísico y en lo trascendente; es regeneradora, y junto con la vida es nuestra verdadera iniciadora. La idea de la muerte está ligada a la de resurrección, pues siempre ocurre en un plano, terminando un ciclo y dando lugar a uno nuevo en otro nivel.
 
AL DERECHO AL REVES
Resurrección - Cambio de piel  
Investigación - Metafísica  
Proceso de desarrollo  
Atisbo de conciencia - Llamados  
Paso fundamental - Señales  
Desarrollo cíclico  
Muerte en un plano  
Nacimiento - Indicaciones  
Movimiento cíclico 
Fin necesario  
Aniquilación - Inmovilidad  
Muerte en un plano  
Ausencia - Detención  
Plazo que vence  
Camino sin salida  
Sonambulismo - Desvelo  
Enfermedad  
Enfermedades crónicas 
 
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ALQUIMIA
Hay momentos en el proceso del conocimiento que la Alquimia denomina putrefacción y nigredo. Estas son etapas y estados disolventes en donde el adepto visita las entrañas de la tierra y deambula por los corredores de las tinieblas interiores. Este deambular es análogo al que se describe en el Bardo Todol o Libro de los Muertos Tibetano (y también de manera similar en el Libro Egipcio de los Muertos, llamado por otra parte El Libro de la Salida del Alma a la Luz del Día). Se trata del viaje de ultratumba que se equipara al recorrido iniciático y al camino que vivencia en los pueblos "primitivos" el Chamán en sus éxtasis. Recorrido que tanto en las grandes civilizaciones como en las tradiciones arcaicas se describe como una aventura llena de peligros y luchas, en la que se libran batallas y se producen dificultades (como el tener que cruzar ríos) y se refieren tanto al recorrido del alma post-mortem como a la muerte de esa alma en esta vida. 
Este viaje entre ráfagas de sombras y luces está representado en la iconografía alquímica de distintas maneras, ya que esta ciencia relata, vivenciándolo, el proceso de Iniciación (apertura de la Conciencia y Conocimiento), por intermedio de las oscuridades de uno mismo, con las que no debemos identificarnos; menos aún, negarlas. 

Esto está en relación igualmente con la idea de Karma, o sea con la de acción-reacción, y la de purgar por los propios errores (pecados) y la responsabilidad que nos cabe en ellos. Lo que podría ser obtenido gracias a la purificación que producen estos ritos catárticos, o en términos del Arte Regia al calcinar estas humedades pútreas, o como dicen algunos de los estudiantes de hoy día, "alquimizarlas", valga la expresión. 

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EL NACIMIENTO DE LA HISTORIA  I
La Historia, entendida como consignación escrita de los hechos y acontecimientos más relevantes que ocurren en una determinada época, es relativamente reciente, y más si tenemos en cuenta la duración real que corresponde al ciclo completo de la humanidad. Debemos retrotraernos hasta aproximadamente el siglo VI antes de nuestra era para encontrar los primeros testimonios escritos propiamente históricos. Es interesante señalar que según los datos tradicionales, el siglo VI a. C. supuso un momento crítico en el desarrollo del ciclo humano, un período en que se produjeron grandes cambios y readaptaciones de la tradición no ya sólo en Occidente, sino prácticamente en todos los pueblos y civilizaciones de la antigüedad. 

Por poner algunos ejemplos entre muchos, hay que decir que en esa época se va configurando la civilización de Roma, que pasa de la era de los reyes legendarios a su periodo histórico propiamente dicho; en Grecia aparece el pitagorismo que en su núcleo esencial hereda los antiguos misterios órficos, y se asiste al surgimiento de la época clásica; es destruido el Templo de Jerusalén y el pueblo judío sufre el cautiverio de Babilonia, lo que al parecer representó una pérdida irreparable de una parte importante de la tradición de Israel, como fue la de su lengua escrita original. En China la antigua tradición pierde la unidad que conservaba desde los tiempos primordiales, y se divide en dos formas muy diferentes conocidas como el Taoísmo y el Confucianismo, conservando la primera de ellas la parte de esa tradición que correspondía a la doctrina metafísica (esotérica) y a la iniciación, mientras que la segunda se ocupaba de sus aspectos puramente sociales y organizativos (exotéricos), aunque su ritos y símbolos fueran heredados de la primera. En general se dio un paso más en el proceso de solidificación que desde los tiempos primordiales ha venido ocurriendo en todos los ámbitos de la existencia y la vida espiritual del ser humano. Y para que el recuerdo de muchas cosas no desapareciera para siempre fue necesario resguardarlo en los libros históricos y sagrados. 

Esta barrera en el tiempo, que sin duda representa el siglo VI a. C., es uno de los motivos por los que, en sus estudios, la mayoría de investigadores actuales encuentran una verdadera dificultad cuando intentan clasificar cronológicamente y por supuesto conocer con alguna veracidad lo que aconteció en los períodos precedentes a ese siglo. Y esta dificultad se ve acrecentada por el hecho de que casi todo lo que nos han legado los autores clásicos está expresado en un lenguaje donde la realidad concreta de las cosas se entreteje armoniosamente con la poética del mito, la leyenda y el símbolo; un lenguaje que ciertamente no pueden comprender los historiadores "oficiales", saturados como están de un racionalismo a todas luces caduco e insuficiente. 

No ocurre lo mismo con la mayoría de los historiadores antiguos, que en su oficio fueron auténticos intérpretes y conocedores a la perfección de la doctrina tradicional, por lo que el estudio de sus obras es de una ayuda inestimable para comprender la historia real, la sagrada, de los pueblos y civilizaciones. En este sentido, en la historia que relatan estos autores puede verse una expresión más del alma de los hombres (análoga al alma del mundo); del genio y del espíritu que preside el nacimiento y la permanente regeneración de una cultura y una civilización. 

Y si en estos relatos aparece el mito como una parte constitutiva de los mismos es porque éste es la conexión vertical con lo atemporal y acronológico, y por tanto la posibilidad siempre presente de establecer un lazo salvífico con los principios divinos y celestes de los que dependen todas las cosas, incluida, naturalmente, la Historia misma, que en definitiva no deja de ser un símbolo de otra cosa, y en este caso un símbolo o receptáculo donde se almacena, por así decir, la memoria del mundo. Por eso en algunos documentos medioevales y renacentistas pertenecientes a determinadas organizaciones iniciáticas, el conocimiento de la Historia era tan imprescindible como el de las Ciencias Naturales, las Matemáticas y la Geometría.

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EL NACIMIENTO DE LA HISTORIA  II
En Occidente es en Grecia donde la Historia es contada escriturariamente. Y en primer lugar hay que mencionar a Herodoto, al que se conoce como el "Padre de la Historia", que con su libro llamado precisamente "Historia", recoge los acontecimientos habidos desde los tiempos legendarios hasta el momento en que él escribe, el siglo IV a. C. En este libro se relatan no sólo los episodios históricos de los griegos, sino igualmente de los egipcios, persas y otras culturas, pues viajó por casi la totalidad del mundo conocido. El libro consta de nueve volúmenes (recordemos que el nueve es el número circular por excelencia, y relacionado por lo tanto con lo cíclico y lo temporal), siendo bastante significativo el que cada uno de ellos estuviera dedicado a una Musa, como si hubieran sido inspirados directamente por ellas. Hemos de recordar, a este respecto y como un dato sumamente revelador, que la Musa que preside la Historia, Clío, es nacida del matrimonio de Zeus-Júpiter con Mnemosyne, la Memoria. 

Siglos más tarde hallamos a Plinio el Viejo, que escribió una "Historia Natural", un estudio de los seres de la naturaleza (incluidos los fabulosos) en sus tres reinos, animal, vegetal y mineral; y también a su casi contemporáneo Josefo, que nos legó una "Historia Antigua" de los judíos; y a Plutarco, con "Isis y Osiris", o "Vida de los doce Césares". Más cercano a nosotros se encuentra Alfonso X el Sabio, autor, entre otras cosas, de una inacabada Historia de España y de una más extensa Historia General, que en realidad, y tomando como fuente de consultas a la Biblia y todas las crónicas antiguas que pudo reunir, resume la Historia Sagrada del género humano desde sus comienzos hasta el siglo XIII, época en que reinó. 

Por todo lo expuesto puede decirse que cualquier intento por reconstruir el pasado histórico, que se emprenda en la actualidad, debe pasar necesariamente por un conocimiento de la doctrina tradicional de los ciclos, que incluye también una comprensión de los símbolos y de los mitos que invariablemente se han ido repitiendo por doquier. 

Nota: Ya se han comentado las relaciones entre Historia y Geografía en el transcurrir de este Programa. Queremos insistir en la interrelación entre Tiempo (Historia) y Espacio (Geografía) porque entre ambas coordenadas alguna vinculación ha de existir para que la existencia cósmica sea posible. 

En la figura anterior puede apreciarse el mapa del mundo dividido en 4 partes emanadas de un centro virtual, perfectamente equiparable con las 4 grandes edades temporales y su división válida para cualquier subciclo proyectadas desde una quinta edad mítica. La existencia de este tiempo mítico y este espacio virtual, coexistiendo perennemente en sus orígenes, es lo que permite y justifica cualquier intento de establecer analogías entre lo que hoy llamamos Geografía e Historia, sin lo cual ellas carecerían de sentido. 

Para los antiguos esto era así; y respondiendo estas ciencias, de modo manifiesto, a sus concepciones de Tiempo y Espacio, cualquier otra ciencia moderna que buscase las relaciones entre estas dos coordenadas, debiera, en su derecho, prestar atención a esta interrelación y a esas concepciones, conocidas por todas las culturas desde siempre, y no considerar al Tiempo y al Espacio como asuntos diferentes.

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TAROT
 
XIIII — LA TEMPLANZA: Es el símbolo de la resurrección y la nueva vida. Aquí vemos a una mujer alada, en actitud de vuelo, mezclando el contenido de dos vasijas, combinando las energías contrarias, a las que complementa, lo que también está simbolizado por los colores de sus vestidos. Se puede ver en ella a las Musas y a las Gracias que inspiran al artista, y en general al Arte como vehículo de conocimiento. Abre nuestra mente a nuevos aspectos del ser, cada vez más profundos y sutiles. Esta carta manifiesta las potencialidades ocultas que se van desplegando, y las facultades que se desarrollan y solidifican, así como las decisiones que se toman confiadamente y los estados de ánimo producto de la calma y la armonía. En el proceso alquímico representa los cuerpos luminosos y nobles que surgen a continuación de la muerte y la putrefacción de la materia vulgar.
 
AL DERECHO AL REVES
Combinación de contrarios   
Mixtura - Cosas que concretan   
Vida Nueva - Calma  
Armonía - Esperanza - Ser 
Paciencia - Decisiones felices  
Vuelo - Aspectos nuevos del  
conocimiento - Equidistancia  
Amalgamiento - Intrepidez  
Confianza - Inspiración artística 
Fluir - Buena disposición   
de ánimo - Fuerzas que se 
complementan  
Derramamiento - Inseguridad   
Imposibilidad de combinar   
contrarios - Incomunicación   
Abatimiento - Impotencia   
Congelamiento - Dispersión   
Inconexión   
Fragmentación   
Falta de agilidad   
Desatención   
Incompetencia   
Ausencia de relaciones  
Detención en el fluir  
 
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LAS SIETE ARTES LIBERALES  I
De entre los numerosos legados de la Edad Media, recibidos a su vez de griegos y romanos, se hallan las denominadas "artes liberales", siete disciplinas que aglutinaron todo el saber de la época, y a las que se dividía de la siguiente manera: Gramática, Dialéctica (a veces sustituida por la Lógica), Retórica, Aritmética, Geometría, Música y Astronomía. Las siete artes liberales representaron la columna vertebral en torno a la cual giraba el conjunto de la vida cultural de la sociedad medioeval. Y cuando decimos cultural no nos estamos refiriendo sólo a la actividad intelectual y especulativa, tal y como se impartía en las universidades y centros escolásticos que existían en las más importantes ciudades de la Europa cristiana, sino también a la propia actividad manual y operativa ejercida en los colegios, talleres y corporaciones artesanales. 

En la Edad Media aún no se había producido el divorcio entre la teoría y la práctica, el espíritu y la mano, la ciencia y el arte. Y esta imbricación entre el arte y la ciencia está claramente señalada en el famoso adagio: "La ciencia sin el arte no es nada". Por ejemplo, en la construcción de una catedral o monasterio se conjugaban sintéticamente la actividad intelectual y la manual: la idea concebida en el espíritu se plasmaba en la piedra gracias al esfuerzo y habilidad de la mano, siendo esto mismo válido para cualquier otro oficio y artesanía. El origen de las artes y ciencias liberales se remonta a las escuelas griegas y romanas, especialmente a las de Atenas y Roma, sin olvidar el importante aporte de la cultura islámica. Se llamaban "liberales" porque como decía el gran rey español Alfonso X el Sabio "quieren totalmente libre de todo otro cuidado y estorbo al que deseaba aprender", es decir, que se necesitaba una plena y total dedicación a su estudio e investigación. 

Entre cada una de las artes liberales se establecían permanentes correspondencias analógicas, hasta el punto de que una contenía y comprendía a las demás. Sin embargo, esto no impedía que fueran también un todo perfectamente jerarquizado, una escala que permitía al estudiante avanzar ordenada y gradualmente por el camino de su evolución interior. 

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LAS SIETE ARTES LIBERALES  II
En este sentido, las artes liberales estaban divididas en dos grupos bien delimitados: el trivium (la triple vía) y el cuadrivium (la cuádruple vía). Al trivium correspondía la Gramática, la Dialéctica y la Retórica, y al cuadrivium la Aritmética, la Geometría, la Música y la Astronomía. Con las tres primeras se aprendía a pensar y razonar debidamente por medio del conocimiento y significado de la lengua (Gramática), la coherencia lógica de la misma (Dialéctica), y finalmente, por su aplicación al discurso y la palabra (Retórica), verdaderos soportes y vehículos todos ellos del pensamiento. Sólo a través del trivium, de las palabras, voces y nombres de las cosas, podía accederse a las ciencias del cuadrivium, que eran superiores a aquéllas por cuanto que expresaban, y expresan, un conocimiento más esencial y profundo. Las cuatro ciencias del cuadrivium se referían directamente al estudio de los ritmos y de los ciclos, de la proporción y la medida, que como sabemos conforman la estructura prototípica de todas las cosas. Al trivium y al cuadrivium se añadía a veces el bivium, que comprendía la Alquimia y la Astrología. 

Por otro lado, para el esoterismo cristiano, las siete artes liberales se correspondían con los siete grados iniciáticos, análogos a los siete cielos planetarios, que representan una jerarquía de estados espirituales. La Gramática se asimilaba a la Luna, la Dialéctica a Mercurio, la Retórica a Venus, la Aritmética al Sol, la Música a Marte, la Geometría a Júpiter, y la Astronomía a Saturno. Fijémonos bien que el medio de las siete artes está ocupado por la Aritmética y por la esfera del Sol, que en efecto ocupa el centro de los planetas en la Astronomía. Esto es importante, pues la Aritmética es, desde el punto de vista esotérico, la ciencia de los números, Numerología o Aritmosofía. Y así como el Sol ocupa el centro de su sistema, llevando la luz a todos los confines del mismo, la Aritmética organiza y ordena a todas las otras ciencias, y contribuye a unir y relacionar a todas ellas entre sí. Esto está claro en lo que respecta a las relaciones numéricas, que unen la Música a la Geometría (unión que se expresa directamente en las proporciones de las formas arquitectónicas) y también al conocimiento de la Astronomía por la armonía de las esferas celestes. Pero asimismo esta importancia del número está presente en la construcción del discurso hablado y escrito, de las voces y las palabras, como es fácil comprobar en la poesía. 

En todo esto se advierte una herencia de la tradición pitagórica en el seno de la cultura medioeval y de las sociedades y agrupaciones iniciáticas. Finalmente este aspecto cosmogónico de las artes liberales no era sino el soporte mismo que permitía acceder a la realidad ontológica y metafísica. 

78 NOTA:
Se habrá observado que la idea de un trabajo y de un rigor están presentes en este manual, los cuales son fundamentalmente intelectuales, en el sentido mayor que hemos estado otorgando a este término. 

Sin embargo, esa misma concentración rigurosa en nuestros estudios no ha de impedirnos el tratar a esta altura de la Enseñanza de ir manifestándonos en nuestro medio de acuerdo a las medidas de las posibilidades de cada quien. Y si bien la Tradición Hermética pone el acento en el aprendizaje individual, éste puede efectuarse de manera grupal, siempre que se tengan la guía y el apoyo de un eje intelectual. En este sentido esta Introducción a la Ciencia Sagrada cumple con estos requisitos y puede ser tomada como base para el Trabajo. Según la promesa cristiana, cuando dos o más personas se reúnen invocando el Santo Nombre, el Cristo estará entre ellos. 

De otro lado, se habrá observado que el Programa conlleva una didáctica, vale decir, una estructura ordenada lo suficientemente maleable y rica en posibilidades como para que pueda ser seguida por distintos temperamentos y en diferentes ámbitos culturales.

 
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