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XVII — LA ESTRELLA: Carta de la naturaleza, lo es también de la belleza, la poesía y la naturalidad. Una mujer desnuda, que posa una rodilla en la tierra, derrama el contenido de dos vasijas rojas en un río (agua), a la vez que escucha el lenguaje sutil del pájaro (aire) y recibe los efluvios de las estrellas (fuego). Ella no lucha contra la naturaleza, sino que se armoniza e integra a ella en unidad, lo que le permite conocer sus leyes y experimentarlas, mostrándonos también el camino hacia lo sobrenatural. Se la relaciona con el color verde de la esperanza y la regeneración, y con la buena fortuna (buena estrella) que su actitud propicia. En su sentido invertido representa ese falso "naturismo" y "misticismo", tan en boga entre aquéllos que se suponen poseedores de una pretendida "bondad", en la que se esconde un prejuiciado moralismo propio de las sectas dogmáticas. |
| AL DERECHO | AL REVES | |
| Naturaleza
- Armonía
Naturalidad - Verde Esperanza - Belleza - Poesía Conocimiento de la ley natural Vida - Reintegración - Estar Buena fortuna Espontaneidad Tranquilidad - Sinceridad Regeneración - Sencillez Lo sobrenatural |
Artificialidad
- Desarmonía
Antinaturalidad - Desespe- ranza - Impudor - Ideologías Escapismo - Materialismo Falta de escrúpulos Romanticismo - "Idealismo" "Proyecciones" - Falsas ilusiones - Especulaciones Problemas corporales y de orden higiénico - Hipocresía Agua mansa |
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| Siendo el núcleo sagrado y espiritual esencialmente idéntico
–por su carácter atemporal y metafísico– para todas las civilizaciones
tradicionales, existen sin embargo en cada una de ellas ciertos rasgos
y particularidades que las hacen distintas entre sí. Esto se debe
a múltiples causas (diversidad de etnias, hábitats, climas,
etc.), pero quizá la diferencia más marcada y la más
importante sea el que algunas de estas culturas pertenecieron a los pueblos
nómades y otras a los sedentarios. Esta primera gran diferencia
se produce en el preciso momento en que la humanidad abandona su Centro
Primordial y se esparce por toda la superficie del planeta. Los nómades,
abocados al peregrinaje constante por ser pueblos dedicados al pastoreo,
desarrollaron una cultura sensiblemente distinta a la desenvuelta por los
sedentarios, que eran básicamente agricultores al permanecer afincados
en un determinado lugar. Estas dos formas de vida, con todos los matices
que entrañan, influyeron poderosamente en la manera en que unos
y otros encararon la vida y el misterio de lo sagrado, y por lo tanto en
la propia constitución y estructura de sus ritos, símbolos
y mitos cosmogónicos. Esto está claramente ejemplificado
en lo que respecta a las artes y a los oficios.
Los nómades, en permanente movimiento por el espacio, crearon, sin embargo, un arte basado principalmente en el ritmo y la fonética, como la música, la poesía y el canto, es decir, en artes que se expresan sucesivamente, por lo que están estrechamente vinculadas al tiempo y al sentido del oído. En la misma gramática y lenguaje de esos pueblos, y sus herederos actuales, se advierten multitud de expresiones ricas en movimiento y ritmo que no se encuentran entre los sedentarios. Estos, asentados por el contrario en el espacio, generaron un arte más puramente geométrico y plástico basado en la proporción y la medida, como la arquitectura, la pintura, la escultura, la escritura (los nómades transmitían sus tradiciones oralmente), es decir, artes y ciencias que se despliegan en el espacio pero hechas para perdurar en el tiempo, y directamente relacionadas con la facultad visual. Siendo los sedentarios agricultores, la mayor parte del simbolismo vegetal proviene de ellos, mientras que casi todo el simbolismo animal procede de los nómades. En los ritos sacrificiales, por ejemplo, los primeros ofrecían especies vegetales a sus divinidades, y los segundos especies procedentes del reino animal. Estas vinculaciones con los dos reinos de la naturaleza, el vegetal y el animal, tuvieron que influir poderosamente en la estructura mental de esos pueblos, y por tanto en los símbolos que conformaron su cultura a lo largo de la historia. En la Biblia estas dos formas de vida están representadas respectivamente por Caín y Abel, cuya lucha ha de verse más bien como un símbolo de las diferencias específicas que han existido secularmente entre los sedentarios y los nómades. Es significativo comprobar igualmente que las viviendas de los nómades, construidas con materiales fáciles de transportar, se hacían con forma circular, y el círculo es, como sabemos, el símbolo que mejor expresa la idea de movimiento, y también el signo de lo celeste y de todo aquello que se refiere a los ciclos y ritmos. Por su lado, los sedentarios, utilizando materiales pesados como la piedra (aunque con anterioridad a ésta utilizaron la madera como elemento de construcción), tendían más bien a edificar en cuadrado, es decir conforme a la figura geométrica que simboliza mejor que ninguna otra lo terrestre y la estabilidad por excelencia. En este sentido fueron los sedentarios los primeros en construir ciudades, y con ellos nace el concepto de civilización (civis=ciudad) tal cual ha llegado hasta nosotros. Gracias a que realizaron obras para perdurar en el tiempo nos es posible tener acceso al conocimiento de su concepción y de su metafísica del mundo, lo que ciertamente no sucede con la cultura de los nómades, que vagando libremente por el espacio sin límites no tenían necesidad de fijar nada, y la idea del porvenir como la conciben los sedentarios les era por completo ajena. No obstante todo lo dicho hasta aquí, no debe verse entre estas dos formas de vida un antagonismo radical que en verdad jamás existió. El arte y la simbólica audiovisual son patrimonio de cualquier sociedad tradicional, ya fuese esta nómade o sedentaria. Son, volvemos a repetir, las condiciones de existencia las que provocan que un simbolismo se desarrolle más que otro. Por otro lado, siempre se han dado entre ambos pueblos permanentes contactos (por ejemplo a través del comercio, e incluso a través del rito sagrado de la guerra, que era también una forma de comunicación) que facilitaron y promovieron el intercambio de ideas, usos y costumbres. Con frecuencia esto representó una opción regeneradora que evitó, al menos hasta cierto período histórico, una excesiva "petrificación" por parte de los sedentarios debido a su asentamiento, y una excesiva "disolución" entre los nómades debido a su constante ir y venir. Asimismo muchos pueblos peregrinos acabaron por instalarse definitivamente, lo cual originó en todos los modos de expresión de su cultura una síntesis entre las artes del tiempo y el espacio, del ritmo, la proporción y la medida. Y esta asimilación del nomadismo por parte del sedentarismo es una constante vital en la historia de la humanidad, además de ser algo necesario que obedece a leyes cíclicas. Diversos pueblos hallaron su ser y su destino histórico al concretarse y solidificarse, hecho que motivó la espacialización de su centro sagrado, y por lo tanto una concentración de energías tal que dio pie al florecimiento de civilizaciones con un alto grado de desarrollo cultural, como ha sido el caso de la árabe, la judía, la romana, la azteca, maya, etc. etc. |
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| Hesíodo dice en su Teogonía que a Zeus: "Eurínome,
hija de Océano, de seductora belleza, le dio las tres gracias de
bellas mejillas: Aglaia, Eufrósine y la encantadora Talía.
Cuando miran brota de sus ojos el amor. ¡Bellas son las miradas que
lanzan bajo sus cejas!".
Efectivamente, esas tres hembras han sido identificadas como Belleza, Amor y Placer. Esparcen alegría por doquier e inundan los corazones de los hombres. Viven en el Olimpo en compañía de las Musas con las que suelen cantar bellísimas melodías y también acompañan a Apolo cuando éste tañe su lira. Se las suele representar como tres jóvenes desnudas unidas por los hombros; generalmente dos de ellas miran en una dirección, y la del medio, en la dirección opuesta. Han tejido el velo de Harmonía y son compañeras de Atenea, Afrodita, Dioniso y Eros; podemos invocarlos a todos ellos con confianza.
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| La escuela pitagórica consideraba sexuados a los números,
o sea portadores de cargas energéticas positivas y negativas. Así
los números impares eran activos, expansivos, masculinos (yang,
en términos extremo orientales), y asimilados al cielo, mientras
que los pares eran pasivos, contractivos, femeninos (yin), y representativos
de la tierra. El número uno, manifestación de la unidad metafísica,
no era considerado ni como activo ni como pasivo, y correspondía
sexualmente, en términos platónicos y alquímicos,
al "Andrógino Primigenio". Esto es válido también
para la decena, la centena, el millar, etc.
Asimismo se ponía especial interés en los números llamados cuadrados y triangulares. Los últimos se forman agregando números enteros sucesivos a partir del uno, o sea que se suman los consecutivos de la serie; ejemplos: 1 + 2 + 3 = 6; 1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 = 21. Seis y veintiuno son números triangulares. El más conocido de estos números es el diez (1 + 2 + 3 + 4), perfectamente representado en forma de triángulo en la famosa Tetraktys. De esta disposición triangular es que estos números reciben su nombre, así como los cuadrados reciben el suyo por su disposición y representación cuadrada, ya que ellos se forman de manera similar a los triangulares, comenzando por la unidad, a la que se agregan sucesivamente números impares; ejemplos: 1 + 3 = 4; 1 + 3 + 5 = 9; 1 + 3 + 5 + 7 = 16; 1 + 3 + 5 + 7 + 9 = 25. Se hace notar que 4 es 22, que 9 es 32, que 16 es 42 y 25 = 52, o sea que son los "cuadrados" de esos números. ![]() De otro lado se quiere recalcar que el número cinco era de importancia vital para los pitagóricos, en cuanto suma del dos (par, pasivo y femenino) y el tres (impar, activo y masculino), motivo por el que era llamado "Número Nupcial". En la Tradición Hermética este número simboliza el microcosmos y se lo representa geométricamente con el pentagrama. Como dato interesante se agrega que la suma de un número par con otro impar es necesariamente impar, mientras que el producto de la multiplicación de un par con un impar da necesariamente un número par. Además, que la suma de dos números es forzosamente par si estos números son ambos pares o impares. Por otra parte el producto de una multiplicación, cuando es impar, es el resultado forzoso de que sus dos factores sean impares. ![]() |
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XVIII — LA LUNA: Símbolo de la noche, representa al principio femenino o matriz universal, esposa y madre dadora de formas, aunque a su vez es diosa de la imaginación, la fantasía y la ilusión. Su relación con los líquidos es evidente (la luna determina las mareas, la circulación de la sangre y la savia de las plantas, así como los ciclos femeninos), y esto la conecta con el mundo psíquico y los cambiantes estados del ánimo; como el agua, es una energía maleable que toma la forma de su recipiente. No tiene luz propia, sino que refleja como en un espejo los rayos solares. Se la ha relacionado con los viajes, en particular aquéllos que se realizan a través de las aguas y que simbolizan los más profundos viajes interiores. Y es la carta de la virginidad, o la vacuidad necesaria para que el espíritu fecunde. Invertida simboliza al sueño y al psiquismo desordenado. |
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| Maternidad
- Esposa
Fidelidad - Receptividad Imaginación - Fantasía Espiritualidad - Intuición Relación con agua - Viajes Maleabilidad - Adaptabilidad Interioridad - Sensibilidad Psiquismo Cáncer - Espejo |
Ilusiones
- Fantasías
Negación de sensibilidad Fantasmas - Sueños - Evasión Alejamiento de la realidad Inestabilidad - Viajes Caprichos - Coqueterías Trastornos psíquicos - Escape Neurosis - Histerias Subconsciente - Inconsciente |
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| Se entiende aquí por Magia (sin desconocer formas menores, ineficaces
y perversas de esta ciencia) toda actividad ritual intermediaria dedicada
a atraer las energías celestes a la realidad terrestre, de acuerdo
a la doctrina cabalística de las emanaciones que subordina el mundo
elemental y corporal al mundo anímico y astral, y ambos al plano
estrictamente espiritual o, en otra terminología, intelectual o
pneumático.
Por este motivo, tanto las prácticas cultuales, como los incantamientos, ejercicios prácticos, concentraciones, estudios y meditaciones, y especialmente la oración, deben efectuarse teniendo el ánimo y la inteligencia puestos en las verdades más elevadas, en el Dios supremo e incognoscible, más allá de su propia creación. Esto hará que estas prácticas teúrgicas, que presuponen un conocimiento cosmogónico y metafísico, sean eficaces y adecuadas proporcionalmente a las necesidades cuya satisfacción se invoca. Por otro lado este movimiento descendente de energías y fuerzas que se establece ha de ser completamente interno, o sea del exclusivo interés del sujeto que las practica en íntima relación con el beneficio del Conocimiento. Su característica ha de ser la de la realización de un rito simpático y rítmico con el universo, y estas correspondencias y analogías que se pretende encauzar han de ser efectuadas con un total desinterés sobre cosas particulares; o sea con un alto grado de "vaciamiento" e impersonalidad, para que los efluvios de lo más alto se derramen sobre el "operario" o aprendiz de mago, que de este modo puede acceder a las realidades más sutiles y recónditas y a las esferas más altas del intelecto divino, a un punto tal que su propio ser se encuentre identificado en todo tiempo y lugar con las más transparentes emanaciones del cosmos y advierta su unidad y majestad en todas las cosas de una manera natural, pues estas verdades son ya consubstanciales con su ser mismo. En este tipo de identificación con el universo y lo que está más allá de él, juega un papel extraordinariamente eficiente la meditación sobre el Arbol de la Vida Sefirótico, como modelo del universo e instrumento vehicular y revelador (como el Tarot) de las energías intermediarias entre la Deidad más alta y los seres y las cosas manifestadas de forma elemental, o material. |
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