| 92 |
|
![]() |
XVIIII — EL SOL: Es el centro o corazón de nuestro sistema, alrededor del cual giran los planetas. Los antiguos rindieron culto al sol, no en un sentido idolátrico, como se cree, sino porque veían en él al signo de la luz interna del espíritu, y a la fuente de toda vida en la tierra. Predomina en esta carta el color amarillo, símbolo del brillo y la inteligencia creadora. Representa a un padre del que emanan rayos de varios colores, rectos y flamígeros -luz y calor- cuyas energías alimentan y hacen crecer a sus hijos, figurando también la unión de la familia y la pareja, así como toda clase de uniones, sociedades y fraternidades. En sentido invertido (el soberbio sol de mediodía, su caída y su ocaso) es la vanidad, la falsa apariencia y el engaño de los sentidos. También, como hemos visto, se lo relaciona con el oro, y en general con los metales y la minería. |
| AL DERECHO | AL REVES | |
| Luz - Vida
- Calor
Inteligencia Arte - Creatividad Razón - Energía radiante Unión - Matrimonio - Pareja Familia - Creación Fraternidades Sociedades - Asociaciones Hermandades - Sociedad civil |
Oscuridad
- Desierto - Frialdad
Falta de sentido - Engaño de los sentidos - Sequía - Tristeza Falta de espíritu creativo Racionalismo - Vanidad - Sober- bia - Presunción - Falsa juven- tud - Decorado brillante Peleas - Riñas - Enemistad Falso artista - Falsa apariencia |
| 93 |
|
|
| El proceso histórico de las civilizaciones y las culturas está
signado en realidad por las leyes de los ciclos y de los ritmos que como
sabemos son las mismas que rigen en todos los órdenes de la manifestación
universal. El simple hecho de comprobar que una civilización, como
todo ser, nace, crece, decae y muere, es un ejemplo más, y bastante
gráfico, de que ésta sigue y repite a su nivel correspondiente
la ley cuaternaria en que se fragmenta todo ciclo.
Sirviéndonos una vez más de las analogías y correspondencias simbólicas podemos comprobar que los ciclos de las civilizaciones están todos ellos comprendidos dentro de un ciclo mayor que abarca el de la existencia completa de la humanidad, que se divide en cuatro períodos o grandes edades, que los hindúes llaman un Manvántara, y que comprende la Edad de Oro, la Edad de Plata, la Edad de Bronce y la Edad de Hierro, según términos que tomamos de la antigüedad greco-latina. Siguiendo con la misma ley analógica, los ciclos históricos están inexorablemente vinculados al flujo y reflujo del tiempo cósmico en su perpetua recurrencia. En este sentido las eras astrológicas, en las que un signo zodiacal domina con su influencia un determinado período histórico, verifica lo que decimos. Considerada globalmente, la historia de la humanidad se nos presenta como un inmenso decorado o escenario (el teatro del mundo) en el que se puede observar cómo pueblos enteros aparecen y desaparecen obedeciendo a una ley inexorable. Igualmente podemos ver a la historia como un gran cuerpo (al igual que el cosmos mismo) cuyos órganos, y la indefinidad de células que lo componen, tienen la misión de hacerlo funcionar. Y así como el cuerpo físico está animado por un corazón que le insufla la vida, de igual manera la existencia y la propia razón de ser de las sociedades humanas ha sido posible gracias a que han albergado en su interior el depósito sagrado del Conocimiento y de la doctrina metafísica, que no es otra que la Ciencia Sagrada. Sin la presencia de los símbolos, ritos y mitos reveladores de lo suprahumano –y mediante los cuales se puede escapar de la recurrencia cíclica de los nacimientos y muertes signados por el Dios Tiempo que todo lo abarca– la historia carecería de sentido y no sería sino un absurdo, pues le faltaría lo más esencial, que es el Espíritu; o bien devendría una mera formulación de datos y fechas encasillados en compartimentos estancos sin relación entre sí, cuando en verdad es todo lo contrario: una poética donde queda impresa el alma de hombres y pueblos. Si el cosmos entero obedece a un plan y a un orden que responde a los designios divinos y en el que todo desempeña una función y un destino específico, es obvio que las civilizaciones y las culturas tradicionales participaron en la realización y cumplimiento de ese plan, perpetuándolo en cada ciclo particular con sus formas y características propias, avivando y manteniendo así el fuego inextinguible de la Sabiduría de los orígenes. En este sentido existe necesariamente un hilo de continuidad sutil e invisible entre todas las civilizaciones y especialmente entre aquéllas que se han manifestado en una misma área geográfica o continente. Cuando una civilización, al agotar sus posibilidades existenciales, está a punto de perecer, otra, más joven y con elementos nuevos viene a sustituirla, produciéndose con frecuencia una especie de ósmosis espiritual o transferencia de los principios sagrados de una a otra. |
||
| 94 |
|
|
| Janus-Bifrons, dios romano, de origen babilónico-asírico,
y que se encuentra también en otras tradiciones muy arcaicas, mira
con su rostro dual en las direcciones opuestas del espacio y del tiempo
calendárico. Espacialmente marca el eje Norte-Sur, temporalmente
el solsticio de invierno y de verano. Es pues un mediador entre cielo y
tierra, en cuanto a que al cielo se le ha hecho corresponder con el Norte
e inversamente a la tierra con el Sur. Igualmente es la deidad que abre
en el hemisferio Norte la puerta del año en invierno –movimiento
ascendente del Sol– y la cierra en el solsticio de verano, cuando el astro
comienza su carrera descendente. Desde un punto de vista iniciático
el solsticio de verano corresponde a la puerta de los hombres y constituye
la entrada a los pequeños misterios de la antigüedad, mientras
que el de invierno se vincula con la puerta de los dioses y los llamados
grandes misterios. Astrológicamente, el verano, asociado al mediodía,
se corresponde con el signo de Cáncer, mientras el invierno lo hace
con el de Capricornio. La Navidad cristiana (uránica) se celebra
el 24 de Diciembre, y el 24 de Junio se festeja la noche de brujas (ctónica).
En estas mismas fechas en la Masonería se recuerda a los dos San
Juan, al que abre la historia evangélica y al que recibe el mensaje
testamentario.
Su rostro central, invisible, está vinculado con el no-tiempo, o tiempo primordial de los orígenes, y se corresponde en lo espacial y constructivo con el eje de simetría, y por lo tanto con una vía o camino de unión, de permanente conjunción de opuestos, lo que explica que presidiera en los Collegia fabrorum, los gremios e iniciaciones de los artistas y artesanos romanos. |
||
| 95 | SOBRE LA GRAMATICA, DIALECTICA Y RETORICA: | |
| Precedentemente hemos tocado el tema de las siete artes liberales.
Allí decíamos que al Trivium (la triple vía)
le corresponde la Gramática, la Dialéctica y la Retórica,
o sea las palabras, voces y nombres de las cosas y que en el esoterismo
cristiano se asimilaban respectivamente a las esferas de la Luna, Mercurio
y Venus. Para Alfonso X, el sabio, la primera de estas ciencias "limpia
la lengua tartamuda" para que hable en forma recta, la segunda "lima el
orín de la falsedad", la tercera "entalla la obra necia y compónela
de hermosuras"; igualmente, la primera "da al hombre el entendimiento",
la segunda "le induce en la creencia de las cosas", a saber: en la verdad,
la tercera "amonesta y trae las otras a acabar los hechos que ellas quieren"
o despiertan; del mismo modo: "la primera nos enseña a hablar derechamente,
la segunda a ser útiles y agudos; la tercera a decir amonestando
y apuestamente".
Con respecto a la Gramática decía Aristóteles que ella era "escribir lo que se enuncia"; en todo caso esto tiene poco que ver con lo que hoy se entiende por gramática. Y está bien claro que ella existía antes que su mera codificación, como es obvio –para establecer una similitud– que el derecho ha existido antes que las leyes romanas. La pretendida ciencia moderna incluye ciertas rigideces que es preciso destruir; la gramática castellana, tal cual la conocemos, nace en el siglo XVIII y es contemporánea de Descartes y el racionalismo. Este problema viene de lejos: Horacio afirmaba que el uso es el árbitro y señor de las lenguas y las normas un artificio auxiliar. Esta misma crítica es válida respecto a la lógica, tomada como ciencia, y su asimilación, ora a la dialéctica, ora a la retórica, y puede pensarse con razón que este error de la manía clasificatoria viene desde lo hondo de la filosofía griega, en gran parte iniciado por el propio Aristóteles, lo que ha dado lugar a los "sistemas" de los modernos (en especial después del siglo de "las luces") y que desgraciadamente hoy se identifican con la "filosofía". |
||
| 96 |
|
![]() |
XX — EL JUICIO: Este arcano, por su número, ha sido asociado al siglo XX. Se ve un ángel tocando una trompeta y sosteniendo una bandera con una cruz amarilla. Es el símbolo cristiano de la resurrección de los muertos y el juicio final. Los tres personajes desnudos que se levantan de la tumba, representan al matrimonio alquímico del azufre (masculino), el mercurio (femenino) y la sal (neutro), estando el último de espaldas, figurando al sacerdote que los bendice. Es la carta de los anuncios y las revelaciones, de los llamados del espíritu, y del despertar de la conciencia. Lo esotérico, que por su propia naturaleza secreta se había mantenido oculto, aquí se hace visible y sale a la luz, anunciando el advenimiento de un mundo nuevo en el que la verdad será accesible a todos los seres, como era en el origen. Símbolo de ritos y ceremonias, al revés significa la superstición y la idolatría. |
| AL DERECHO | AL REVES | |
| Revelaciones - Anuncios
Despertar - Realización Cosas esperadas que llegan Unión - Realidad Cosas ocultas Lo oculto que aflora Perfección - Misticismo Llamados - Señales Integridad - Ritos |
Falso espiritualismo - Bulla
Ruidos - Propaganda - Escánda- los - Dificultad en la realización Imposibilidad de lograr la unión Superstición - Fanfarronería Espiritismo - Satanismo - "Ritos" Oscurantismo - Idolatría - He- chicería - Brujería - "Misticismo" Maleficios - Fantasmas |
| 97 |
|
|
| La Cábala da fundamental importancia a la aparente contradicción
entre la trascendencia infinita de Dios y su presencia inmanente en la
tierra. En su trascendencia el Supremo no puede ser comprendido ni conocido;
su inmanencia, su creación de este mundo y su habitación
en él, es explicada por la Cábala, como hemos estado viendo
a lo largo de este manual, por una serie de emanaciones sucesivas que constituyen
el cosmos y el Arbol de la Vida Sefirótico, o sea los atributos
divinos conformando el Universo.
|
||
| 98 |
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Como ya sabemos hay tres signos zodiacales asignados a cada uno de
los elementos, a saber: fuego, tierra, aire, agua. Así al fuego
corresponden los signos de Aries, Leo y Sagitario, a la tierra Tauro, Virgo
y Capricornio, al aire Géminis, Libra y Acuario y al agua Cáncer,
Escorpio y Piscis, como puede apreciarse en el precioso grabado de más
abajo.
![]() Algunas especulaciones astrológicas y herméticas consideran que los signos zodiacales correspondientes a un elemento se dividen a su vez en tres tipos de energías o cargas energéticas: positiva, negativa y neutra; así, por ejemplo, de los tres signos zodiacales asociados al fuego, Aries sería el positivo, Leo el negativo o pasivo y Sagitario el neutro. Damos a continuación una tabla de los signos, su vinculación con el elemento y su carga energética dentro de ese mismo elemento en relación con los otros dos signos que lo conforman y sus respectivas cargas energéticas.
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| 99 | LA CONFUSION ENTRE METAFISICA Y ASCETISMO: | |
| Muchas personas sufren un pecado que es preciso aclarar, que puede
ser la raíz de muchísimos otros males, y que, incluso, les
sea un impedimento para su realización. Este equívoco trata
de la tremenda limitación de comprender lo sagrado tan solo como
santidad, y por lo tanto como algo inalcanzable del que sólo son
dignos aquellos pocos elegidos completamente fuera de serie, llamados "Santos"
(ya sean de una u otra tradición, en particular si lo demostraran
con fenómenos, milagros o cuestiones paranormales), con toda la
carga devota, piadosa, beata y supersticiosa que esa idea trae aparejada.
Estos santos o santones –y tanto mejor si fueran ascetas–
serían los auténticos "maestros" y no los sabios o los guerreros
y menos aún los artistas o comerciantes, que desde luego son apreciados,
y hasta respetados, pero a los que no se les da una categoría más
que secundaria –casi profana– por el hecho de que en última
instancia estas gentes a las que nos estamos refiriendo asocian "espiritualidad"
exclusivamente con "santidad", y aun con castidad y otras cosas peores,
a saber: con lo "religioso" y lo "moral" y no con lo metafísico.
Se quiere dejar sentado que las vías de realización espiritual son varias y distintos los caminos que a ella llevan. Y no sólo son distintas las formas tradicionales sino que dentro de cada una de ellas hay caminos diferentes de iniciación. Este manual nos da numerosos ejemplos de ello. Lo que interesa es la realización del Conocimiento y la obtención de la Sabiduría, lo que no excluye lo emocional, ni ninguna otra experiencia encaminada a ese fin, y tampoco se opone a lo "religioso", y menos aún a lo moral, siempre y cuando estos conceptos no pretendan usurpar el territorio de lo metafísico y tratar de reducirlo, en el mejor de los casos, a un mero "misticismo", y en el peor, a una moral basada en ciertas normas de conducta convencionales que son juzgadas oficialmente como "buenas". Normas que darían su aprobación hipotética a lo que se debe entender por sagrado de acuerdo a parámetros que ésta fija, basada en la mojigatería derivada del error de pretender conocer lo sagrado, cuando en realidad se lo suplanta por lo religioso y lo moral y por desconocimiento se lo identifica siempre con la "santidad" o con el "ascetismo", los que no son sino algunas de las sendas, cuando lo son, en el viaje del Conocimiento. |
||
|
|||||