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XXI — EL MUNDO: Esta es la carta del mundo nuevo que desciende del cielo a la tierra (ver Apocalipsis XXI). Todo el ciclo ha concluido y la obra creacional ha sido finalmente coronada. Una mujer, que hace con sus piernas el signo de la cruz, se encuentra rodeada de una guirnalda y de cuatro figuras en las esquinas que representan a los evangelistas, y los elementos y signos zodiacales que les corresponden. El toro es el elemento tierra y el signo astrológico de Tauro; el hombre -o ángel- es el aire y el de Acuario; el águila, el agua y Escorpio; y finalmente el león, el fuego y Leo. El ombligo de la mujer es el omphalos del mundo, quintaesencia, centro y síntesis de toda la creación. Así como esta carta al derecho es extremadamente favorable, en sentido invertido es muy adversa, indicando las energías propias del mundo viejo y las fuerzas contrarias que nos impiden la realización. |
| AL DERECHO | AL REVES | |
| Fin de
todo el ciclo - Meta
Coronamiento de la obra Extasis - Gloria Seguridad - Apoteosis Perfección Recompensa - Exito completo Sentido - Verticalidad Otro mundo Circunstancias favorables Irreductibilidad - Centro Síntesis - Buenas noticias Llegada a buen término |
Imposibilidad
de llegar a la
meta - Adversidad - Fuerzas en contra - Desubicación Falta de iniciativa Imposibilidad fatal Proyectos que nunca se realizan - Camino equivocado Mundo viejo Multiplicidad - Indisposición Acontecimientos desagradables - Detención Venderse por lentejas |
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| Hemos puesto énfasis reiteradamente en la necesidad de percibir
el tiempo no en forma lineal –que es la ordinaria– sino de modo circular,
o cíclico, que nos permita ampliar nuestra visión. Aun más,
recomendamos simbolizarlo en forma de espira, o como una doble espiral
que nos haga percibir su movimiento desde el centro a la periferia, y desde
ésta nuevamente a la unidad. Las tradiciones antiguas así
concibieron al universo: como el resultado de una "explosión" (producida
por un sonido o verbo) de una minúscula partícula de energía
que contenía dentro de sí todas las posibilidades latentes
de ese universo. A partir de ese hecho original el mundo se expande hasta
sus propios límites, llegando a un punto en que finalmente "el tiempo
se detiene" para emprender un recorrido en sentido inverso, contrayéndose,
en busca nuevamente del origen central, desde el cual "explota" nuevamente.
En verdad, desde la perspectiva de ese mismo centro, que es eterno, ese
doble movimiento es simultáneo y siempre presente, y es en ese punto
donde debemos tratar de ubicarnos cuando hagamos nuestras meditaciones
al respecto.
El nacimiento y la expansión hasta llegar al límite y su retorno o contracción en el origen, también percibida como una muerte o nuevo nacimiento, es una ley natural que regula no sólo al universo como un todo, sino también a cualquier ser o manifestación particular. La célula, la molécula, cada entidad de los variados géneros de la naturaleza, el hombre, las civilizaciones, la tierra, el sistema solar, la galaxia etc., son una unidad en perpetua armonía y ritmo. Cada cual en su propia dimensión vive ciclos cuaternarios que se expresan claramente en las fases del día y de la luna, las estaciones del año, las etapas de la vida del hombre, los animales y las plantas, los ritmos todos de la naturaleza y la historia, y, en términos más amplios, los del cosmos en el que los antiguos pudieron concebir –y calcular– las grandes eras. Los ciclos astronómicos, como sabemos, son enormes; pero dentro de esos ciclos están insertos otros menores, que a su vez contienen otros, y así sucesivamente, hasta llegar a los más pequeños. Veremos luego dos de estos períodos que tomaremos como "módulo" para entrar al tema de lo que la tradición ha llamado "las cuatro edades de la humanidad". |
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| Es por la intermediación angélica que el Absoluto se
nos hace visible. "A Dios, nadie le ha visto jamás" dice el texto
sagrado; pero hay un rostro que Dios muestra al hombre y ese es el Angel
de la Faz en el que reposa el Nombre Divino Supremo.
Los Angeles son el soporte de los Nombres del Innombrable. Son Dios y al mismo tiempo son cognoscibles; habitan, o son, el lindero entre lo visible y lo invisible y es por ello que se les llama mensajeros (en hebreo Malakh). El mundo angélico es 'Dios en función'; Dios como sujeto
activo. La creatividad divina se manifiesta por su intermedio, determinando
la diversificación de los seres que, sin separarse de Dios, garantizan
la presencia de lo Divino en la tierra (Shekhinah). Es por ello
que su función es teofánica.
Proporciones geométricas y armonías musicales nuevas (equilibrios y conjuntos de significados) son las primeras manifestaciones perceptibles al hombre que toma contacto con su ser esencial: con su ángel. Un Angel es la realidad esencial de cualquier ser, o sea, su 'siendo' en su grado más elevado; y es por ello que se puede hablar del ángel de un paisaje o de cualquier obra creativa. "Tu Señor Divino y personal, es tu Angel por el que Dios te habla de boca a oído"; es también el nombre propio y el 'aroma', la 'melodía' personal.
Los cuatro arcángeles que se suelen mencionar (Miguel, Rafael, Gabriel y Uriel) surgen de y son movilizados por el Verbo creador, para llevar a cabo el desdoblamiento de la palabra en los cuatro mundos que fluyen de las cuatro letras del nombre de YHVH, y mantienen igualmente en guardia los cuatro puntos cardinales o "cuatro campos de la Shekhinah". |
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| 103 | LA TRADICION UNANIME: | |
| Muchas veces el lector a lo largo del Programa se ha encontrado
con la idea de una Tradición Unánime y Universal, que manifestándose
por medio de las culturas y civilizaciones adquiere distintos modos y conforma
diferentes historias particulares, pese a lo cual, y más allá
de la disimilitud de sus aspectos y de una lectura literal y chata de los
mismos, se encuentra una identidad esencial. Eso se debe a que esa Tradición
Universal y Unánime, que se presenta como algo anterior y horizontal
en la historia, es desde otro punto de vista algo vertical y arquetípico
que ha existido y existirá por siempre, o sea como algo a-histórico.
En ese orden de realidades la Tradición estará viva perennemente,
pues se halla entretejida en la trama misma de la vida y es consubstancial
con el hombre, amén de los distintos ropajes en que se expresa,
de acuerdo a las diferentes coordenadas y variables de tiempo y lugar.
Uno de los ejemplos más nítidos de esta "coincidencia" es la correlación macro-microcosmos, es decir la inversión (exterior-interior) y conjunción indisoluble siempre presente entre el hombre y el mundo, sustentada por todas las tradiciones. Esta perspectiva y convicción, que hace del hombre un pequeño todo, un reflejo de las energías divinas, se manifiesta también a lo largo de su organismo físico, recipiendario y contenedor de las emanaciones cósmicas, las que se encuentran potencialmente vivas en su espacio corporal. Sin embargo hay que tener presente que cuando las distintas formas tradicionales nos hablan de estas correspondencias, no se están refiriendo exclusivamente al cuerpo humano en su nivel más denso y elemental, sino a los cuatro planos y lecturas en que se dividen todos los seres y cosas existentes, de la cual el mero organismo físico, su salud y su musculatura, es la parte más periférica y superficial y por lo tanto casi un objeto de culto de la extraviada mentalidad contemporánea. |
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EL LOCO: Es una carta que no tiene número, pero se le asigna el 0 o el 22, representando el principio y el fin. Origen del comodín o Joker, sirve de vínculo tanto de los Arcanos Mayores entre sí, como entre éstos y los Arcanos Menores. Desprendido de todas sus posesiones, lleva únicamente una pequeña mochila con sus instrumentos mágicos, y un bastón o báculo que le sirve de sostén y equilibrio, así como de unión entre la tierra y el cielo. Camina al borde de un abismo, y un perro -que representa los peligros- lo acecha; pero él va confiado en el Espíritu, como un niño o un "primitivo" en estado de inocencia, manteneniendo la apertura de su mente y su corazón a posibilidades indefinidas, recibiendo así los efluvios celestes. El loco no tiene razón, ni pretende demostrarla; aunque está claro que no se trata de un estado patológico sino de una locura de amor a la Vida y al Conocimiento. |
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| Posibilidades
indefinidas
Inocencia - Capacidad de asombro - Camino Peregrinaje - Aventura Desprendimiento - Desapego Búsqueda del conocimiento - Búsqueda de la verdad - Movimiento Apertura de la mente Búsqueda de lo milagroso |
Eterno
retorno
Inconsciencia - Multiplicidad Caminante sin rumbo - Andar sin sentido - Sensibilidad dormida - Anestesiamiento Sueño - Apegos - Ataduras Persona dormida Autoengaño - Puerilidad Creerse cualquier cuento Viaje sin sentido y sin meta |
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| La aritmética tradicional prestaba gran importancia a los números
"proporcionales", es decir a aquellas cifras que los caracterizaban, sin
importar, salvo en forma secundaria, el agregado de uno o más ceros.
Así los números 26.000, 2.600, 260 y 26, siendo el primero
de ellos la cantidad "redondeada" correspondiente a la precesión
de los equinoccios (ver en este Módulo Nº
54), cuya mitad es 13.000, o sea la cantidad de miles de años
del Gran Año Caldeo y Griego. En cuanto a 260, esta es la cifra
del calendario ritual mesoamericano; con respecto al 26, recordaremos que
este número es la suma de las letras Iod = 10, Hé
= 5, Vau = 6, y Hé = 5, componentes del sagrado
Tetragramatón hebreo IHVH (el nombre de Iahvé,
o Iahveh equivalente al de Jehová o Jehovah),
nombre que por respeto, o sea por temor de Dios, no puede pronunciarse,
sino tan sólo escribirse, de acuerdo a la tradición cabalística.
De otro lado, y siempre con referencia a estos números "proporcionales", señalaremos que multiplicar por cinco es lo mismo que dividir por dos. Vgr.: el número veinticinco mil novecientos veinte (correspondiente a los años exactos de la precesión equinoccial) dividido entre dos, da doce mil novecientos sesenta (25.920 ÷ 2 = 12.960); multiplicado por cinco nos da ciento veintinueve mil seiscientos (25.920 x 5 = 129.600). Sólo hay un cero de más. Inversamente, multiplicar por dos es igual que dividir entre cinco: (25.920 x 2 = 51.840); (25.920 ÷ 5 = 5.184). Aquí la diferencia es un cero quitado a la cifra-raíz numérica. Queremos dar un ejemplo de trabajo numérico, partiendo de la base de que se entiende que los números son sagrados y por lo tanto nada hay de arbitrario en ellos, ni tampoco en las operaciones que con ellos se efectúan, las que producen a veces resultados que asombran, los que la mente primitiva o tradicional vive como mágicos, o cargados de una energía especial por algún motivo. Ello se debe a que de acuerdo a esa mentalidad todo en el universo es solidario y está unido por una serie de relaciones, a veces invisibles, por lo que nada hay de "casual" en este mundo. Ejemplo: la práctica más sencilla a observar referida a lo expresado anteriormente es, sin duda, una comprobación geométrica, a saber: que el radio de un círculo divide a la circunferencia, siempre, en seis partes iguales. Imagínese lo que es para la mentalidad tradicional esta comprobación efectuada con un simple cordel con el que se traza la circunferencia, cuya longitud está contenida seis veces exactas en el perímetro trazado. Sin duda esto obedece a una realidad mágica, o mejor, metafísica, y tiene una razón profunda de ser, y no son simples datos sin ningún sentido. Este hecho es excepcional para el primitivo y esta comprobación asombrosa aparece cargada de significados. Podemos ahora hacer unos ejercicios numéricos, sólo con el ánimo de mostrar algunos aspectos curiosos o sorprendentes de la cábala numérica, aritmosofía o numerología: si al citado número veinticinco mil novecientos veinte lo dividimos entre dos, obtenemos el doce mil novecientos sesenta (25.920 ÷ 2 = 12.960). Si a ese mismo número lo dividimos por cinco obtenemos el cinco mil ciento ochenta y cuatro (25.920 ÷ 5 = 5.184). Y si sumamos este número con el mil doscientos noventa y seis (proporcional del doce mil novecientos sesenta) obtendremos el seis mil cuatrocientos ochenta (5.184 + 1.296 = 6.480). Si a ese resultado lo dividimos por cinco nos da ¡oh sorpresa!, nuevamente el mil doscientos noventa y seis (6.480 ÷ 5 = 1.296). Pero lo curioso de este ejemplo es que el número seis mil cuatrocientos ochenta es proporcional al sesenta y cuatro mil ochocientos, que según la tradición hindú es el número correspondiente al gran ciclo de un Manvántara, el que se subdivide en cuatro subciclos relacionados proporcionalmente con las cuatro edades de la humanidad: la de oro dura 25.920 años, o sea la cifra de la precesión equinoccial o el "año" de la tierra; la segunda, o de plata, dura 19.440 años; la tercera de bronce, 12.960; y la última, de hierro o Kali Yuga, 6.480 años. Es interesante observar que esta proporción numérica corresponde a la de la Tetraktys pitagórica: 4 + 3 + 2 + 1, lo que por cierto da 10 de resultado. |
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| En el Nº 84 de este mismo Módulo,
dábamos la correspondencia de los signos zodiacales con respecto
a los cuatro elementos, y al mismo tiempo la carga energética que
cada uno de ellos posee en relación a los otros dos signos con los
que comparte dicho elemento.
Queremos ahora agregar una tabla de origen medioeval donde se asocian los signos zodiacales con las características de determinadas piedras presentes en la entera naturaleza. Deseamos destacar así la asimilación tradicional entre la Astrología y la Alquimia, y recordar que los metales y las piedras son la maduración de las energías de los astros y estrellas sobre la faz de la tierra, y analógicamente comparten unas mismas propiedades y características.
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